Sergio Emanuel Trujano
La política se trata, según los clásicos griegos, de dirigir a la polis1 , a la nación, al aparato estatal, a sus grandes masas, a los recursos naturales, a los industriales, a los recursos militares; y tomar las mejores decisiones, siendo estas principalmente enfocadas a convertir a los estados en naciones fuertes y desarrollar poder frente a otros grupos o estados. Pero ¿qué pasa con los individuos?, ¿con los seres humanos?, con sus requerimientos naturales, como de alimentación y de salud, así como los emocionales, por mencionar algunos ¿la educación y la felicidad?.
El presente artículo abordará precisamente dicho tema, el humanista, el cual está relacionado al cumplimiento del que hoy debiera ser el principal objetivo político por parte del estado: brindar el bienestar a los habitantes como individuos con todos los derechos inherentes que tienen, tanto como ciudadanos así como seres humanos.

La definición de humanismo relacionado a la política, se puede mencionar de la siguiente forma:
«El humanismo político es una corriente de pensamiento que, en términos generales, se centra en colocar a la persona humana, su dignidad y su desarrollo integral como el eje central y el fin último de toda organización y acción política.
No es una ideología política única y rígida (como el liberalismo o el socialismo), sino más bien un enfoque filosófico y ético que busca orientar la práctica política.”2
Los sistemas políticos a lo largo del tiempo se han enfocado principalmente en incrementar el poder del estado; de consolidarse como sociedades fuertes y capaces de la supervivencia y dominio frente a otros estados, siempre teniendo la prioridad de asegurar la continuidad del grupo en el poder, el cual normalmente era representado por un jerarca y los intereses que representaba.
Con el devenir del tiempo y llegadas las ideas renacentistas, surgen propuestas como la de Francesco Petrarca (1304-1374), considerado el «Padre del Humanismo», quien hizo énfasis en el estudio de los clásicos y la dignidad humana, él es quien sienta las bases para el pensamiento cívico. De igual forma, con la evolución histórica a movimientos más liberales, se dio el reclamo de parte de los grupos menos favorecidos de ser tomados en consideración y a hacer válido su derecho a ser incluidos en el objetivo de la política. La finalidad fue considerar a la Persona como Centro (Antropocentrismo Ético) y su enfoque, lo que para Erasmo de Rotterdam, significa:
“La política no debe servir a un dogma, a una clase social, al mercado o al Estado mismo, sino que debe estar al servicio del ser humano¨3

Muchas corrientes han incluido a este antropocentrismo como el eje de todo, situación totalmente válida, pues la finalidad de cualquier política debiera ser la del bien de las personas. Para efectos del presente escrito, denominaremos al objetivo de la política humanista como un estado de bienestar o simplemente como “bienestar”.
Propuestas antropológicas, como la cristiana que hablan del hombre como: “una creación divina y digna de alcanzar una meta a la luz de la divinidad” nos da la idea de lo que el ser humano en sus derechos y cualidades inherentes, debiera estar destinado a recibir.4 De igual forma en México, la expresión más influyente y organizada del humanismo político se encuentra en la tradición del Humanismo Cristiano o Personalismo Comunitario, incluida por partidos políticos como el PAN o más recientemente por el presidente López Obrador, quien se ha identificado como un humanista.
Las primeras constituciones liberales, como la de los EUA, incluyeron en su cuerpo el “derecho a la felicidad”. Posteriormente, las declaraciones de los derechos humanos incluyeron propuestas como eje central de aquellos postulados a la dignidad humana.
Todo esto ha sido mencionado ya desde hace tiempo en la teoría pero, ¿en la práctica?, se podría afirmar que la política y las decisiones de la clase dirigente, ¿han tenido la finalidad de incrementar el bienestar de los individuos?
«El lobo es el lobo del hombre”, (en latín, Homo homini lupus) según Hobbes en su obra Leviatan, y en donde la idea central es que en un estado natural sin leyes, la naturaleza humana es egoísta y conflictiva, llevando a una guerra de todos contra todos, de ahí la necesidad de un Estado fuerte para controlar al ser humano. Precisamente por este postulado es que el estado tiende a transformarse en el protector de los postulados humanistas y los derechos del individuo. Incluso Maquiavelo en El Principe y en Discursos sobre la Primera Década de Tito Livio, ya habla de la necesidad ética de los gobernantes a garantizar de una forma pragmática dentro de postulados republicanos, la felicidad y bienestar del individuo.
Hoy en día, a la luz de que el estado debe ser el principal garante de incluir al humanismo en las decisiones políticas, estamos hablando de tomar en cuenta al diseñar y tomar decisiones políticas, incluir los siguientes ejes:
1. La Persona como Centro (Antropocentrismo Ético);
2. Dignidad Humana como Eje;
3. Participación y Pluralismo;
4. Solidaridad y Bien Común
De igual forma, al redactar el presente ensayo, surge la pregunta de ¿cómo se mide el nivel de humanismo en el actuar político?, lo anterior a efectos de poder evaluar la efectividad del estado al implementar dicho componente en la toma de las decisiones. Al respecto, podemos mencionar que no existe una única organización global que lo mida como un índice numérico, pero sí hay instituciones internacionales como Humanists International que agrupan a organizaciones nacionales, y gobiernos como el de México (a través de sus Secretarías de Relaciones Exteriores y Ciencia) las cuales realizan foros y promueven el humanismo en su política.
Asimismo, existen organizaciones locales como que trabajan en la defensa de derechos, usando el humanismo como marco filosófico para evaluar el bienestar social y la aplicación de valores. Algunas de ellas:
• (IHEU): Es una federación mundial de organizaciones humanistas, ateas y seculares que promueven el humanismo como una forma de vida ética y racional, y están atentas a los derechos humanos a nivel global, aunque no «miden» países, sí evalúan entornos.
• Foros y Programas Gubernamentales, por ejemplo en México, el gobierno, a través de instituciones como la SRE y la CONAHCYT, organiza debates y foros sobre el humanismo en la política exterior y nacional, buscando definir su aplicación y medir su impacto en la sociedad.
• Organizaciones Nacionales: Existen grupos locales que, aunque a veces vinculados a contextos religiosos o políticos, trabajan bajo principios humanistas para defender derechos de grupos vulnerables, lo que indirectamente contribuye a un «indicador» social de humanismo.
No existe un indicador preciso para medir el nivel de humanismo, sin embargo se puede hacer de manera indirecta a través de indicadores como Índices de Desarrollo Humano (IDH): El cual mide a través del Programa de Desarrollo de Naciones Unidas, la vida larga y saludable, educación y nivel de vida, que son pilares humanistas.

Así mismo, índices de Derechos Humanos y Democracia: Evaluaciones de Freedom House, Amnistía Internacional, etc., miden libertades civiles, justicia y equidad. De igual forma existen índices de Felicidad o Bienestar, que demuestran que países con altos niveles de bienestar social suelen ser más humanistas.
En resumen, no hay un termómetro universal, sino un conjunto de indicadores y actores (ONGs, gobiernos, think tanks) que, desde distintas ópticas, evalúan el grado de aplicación de valores humanistas en un país. En México sería ideal que se incorporaran y mejoraran las mediciones de las políticas establecidas en distintas esferas y sectores, a través de indicadores que sopesen el impacto social en las decisiones de política, identificando así entre otros, los requerimientos humanisticos de la población.
REFERENCIAS
1 I.e., tal como los clásicos griegos denominaban a la ciudad y a sus asuntos.
2 Gómez Peralta, H. (2011). El humanismo político de Efraín González Luna. Estudios Políticos, 9(20). https://doi.org/10.22201/fcpys.24484903e.2010.20.24281
3. Pedro Salvador Ale. Erasmo de Rotterdam: La Educación Humanista y la Naturaleza. En Revista de Ciencias Jurídicas, UNAM, 2010 https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/10/4970/18.pdf
4 Martínez Sierra, Alejandro. Antropología Teológica Fundamental. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2002
