CONFIANZA Y GOBERNABILIDAD


Por: Sergio Emanuel Trujano

Cuando hablamos de gobernabilidad nos referimos principalmente a la capacidad de un sistema político para ser gobernado, es decir, al equilibrio entre las demandas de la sociedad y la capacidad de respuesta del gobierno.

No se trata solo de que alguien mande, sino de que el mando sea efectivo, legítimo y aceptado por la población sin recurrir constantemente a la fuerza.1

En lo que se refiere a los pilares de la democracia, podemos mencionar los siguientes:

1. Legitimidad (Pilar Político). Para David Easton (1965), esto se refiere a la aceptación y reconocimiento que la ciudadanía otorga a sus gobernantes. Sin legitimidad, el gobierno debe recurrir a la fuerza para mantener el orden, lo que hace al sistema inestable.

2. Eficacia y Eficiencia (Pilar Administrativo). Para el Banco Mundial, en su indicador de gobernabilidad, es la capacidad técnica del Estado para implementar políticas públicas y resolver los problemas de la población (seguridad, economía, servicios). Un gobierno legítimo que no da resultados genera «ingobernabilidad».2

3. Estabilidad Institucional (Pilar Jurídico). Para Samuel Huntington (1968), en su obra El orden político en las sociedades en cambio,3 se argumenta que el grado de institucionalización es el factor determinante para la estabilidad de un país. De igual forma implica el respeto a las reglas del juego (Constitución, leyes) y la existencia de mecanismos para resolver conflictos de forma pacífica.

4. Consenso y Participación (Pilar Social). Se refiere a la capacidad de generar acuerdos entre los diversos actores estratégicos (partidos políticos, empresarios, sindicatos y sociedad civil).4

¿Cómo se relaciona la gobernabilidad con la confianza?

Se dice que hay una crisis de gobernabilidad cuando hay un desajuste entre los requerimientos de la sociedad y la incapacidad del estado para cumplirlas, lo anterior ocasionado por la falta de recursos o la falta de voluntad política del mencionado estado, generando con esto desconfianza en el propio sistema, que en el caso de los países como el nuestro, es el propio sistema democrático.

La confianza entonces, en un sistema político, se basa en gran parte en la capacidad de gobernabilidad que tiene el estado. La ecuación es sencilla, entre mayor percepción de gobernabilidad, mayor confianza en el gobierno y mayor percepción democrática que el pueblo tiene del sistema político.

¿Cómo se mide la gobernabilidad?

Para medir algo tan complejo como la capacidad de un Estado, el Banco Mundial desarrolló los Indicadores Mundiales de Gobernabilidad (World Governance Indicators, o simplemente “WGI”). Estos son la referencia estándar a nivel global y fueron creados por los economistas Daniel Kaufmann y Aart Kraay.

Estos indicadores no miden intenciones, sino percepciones basadas en encuestas a ciudadanos,expertos y empresas. Se dividen en seis dimensiones clave:

De mayor a menor consideración son: 1. Voz y Rendición de Cuentas, 2. Estabilidad Política y Ausencia de Violencia, 3. Efectividad Gubernamental, 4. Calidad Regulatoria, 5. Estado de Derecho (Rule of Law) y, 6. Control de la Corrupción.

¿Y qué nos dice el índice para México?

Según los datos más recientes de los WGI (actualizados a finales de 2024 con datos de 2023), México presenta un grado de gobernabilidad mixto con desafíos críticos, particularmente en áreas de seguridad y justicia. El WGI evalúa las seis dimensiones en una escala de percentiles de 0 a 100, donde 100 es el rango más alto.1 A continuación se detallan los puntajes aproximados para México:

Panorama General de los indicadores

De acuerdo a los indicadores del WGI, es evidente que las democracias avanzadas, como lo son el caso de países europeos, como Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia e Islandia, lideran en control de la corrupción y estado de derecho. De igual forma para el caso de Oceanía, Nueva Zelanda y Australia, son de los más adelantados en Voz y Rendición de Cuentas.

Para el caso de América Latina, Uruguay lidera las mejores calificaciones del WBI, sin embargo es importante mencionar que para tener una referencia más objetiva y especializada en la región y por ende, una perspectiva de los niveles de gobernabilidad, podemos consultar documentos como el elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2004): La democracia en América Latina: Hacia una democracia de ciudadanos y ciudadanas.

Conclusión

De lo anterior pudiéramos concluir que hay una relación directa entre la confianza y la gobernabilidad; es decir a mayor gobernabilidad, mayor confianza de la ciudadanía en la clase política y en el sistema político que representa, en el caso de México, el democrático.

Cuando hay un problema que rebasa la capacidad de reacción del gobierno, tal como la inseguridad debido a por ejemplo grupos delictivos, como el narcotráfico, se corre el riesgo de evidenciar falta de gobernabilidad y por ende se puede presentar baja confianza, primero en el gobierno y después en las instituciones.

México muestra un leve retroceso en algunos de los indicadores, mientras muestra avances importantes en otros, como lo es el de le efectividad gubernamental. Lo que no podemos dejar de mencionar obviamente es la alta percepción de confianza en el gobierno actual, la cual es demostrada en múltiples encuestas aplicadas a los dos últimos gobiernos representados por la Cuarta Transformación.

Sería muy importante continuar analizando los indicadores y fomentar mediciones que nos entreguen indicadores más ad hoc a los “gobiernos de la gente” o del pueblo, en los que se reflejaría con más claridad la confianza general en el estado. De igual forma vienen futuras evaluaciones como las de WBI, en donde será muy interesante continuar observando los resultados como por ejemplo en “estado de derecho” aplicados ahora a un poder judicial reformado.

Es innegable que en este momento hay muchísima confianza del pueblo en su gobierno, sin embargo esta debe seguir siendo reforzada a través de fortalecimiento de los índices de gobernabilidad, los ya existentes y la implementación de nuevos indicadores, más adecuados a la realidad política de nuestro país.

1 Camou, A. (1995). Gobernabilidad y democracia. Cuadernos de Divulgación de la Cultura Democrática, IFE. De igual forma, es requisito ahora sine qua non, mencionar que se obtuvo ayuda para producir el presente artículo de la Inteligencia Artificial de Google, Gemini.

2 Banco Mundial (World Governance Indicators). Metodología de Kaufmann, Kraay y Mastruzzi sobre la medición de la gobernabilidad.

3 Huntington, S. P. (1968). Political Order in Changing Societies. Yale University Press.

4 Joan Prats (2001)