En el mundo actual, la información se ha convertido en un recurso tan valioso como el agua o la energía. No es exageración: quien controla la información controla narrativas, decisiones y, en muchos casos, el rumbo de una sociedad. En México, esta situación se vive con intensidad. La humanidad es protagonista de un tiempo donde la información circula a velocidades nunca vistas. Redes sociales, medios digitales, plataformas de streaming y hasta los chats de WhatsApp se han convertido en espacios donde se construyen percepciones y se disputan verdades.
La llamada “nueva realidad” —ese presente transformado por la tecnología, la globalización y las crisis sociales— nos obliga a reflexionar sobre el papel de la datos y sobre cómo las voces del pueblo y del Estado se entrelazan en un diálogo complejo. Este texto busca contextualizar la importancia de este tema y mostrar que los jóvenes son parte activa de él.

El conocimiento no es solo datos: es poder. El Estado mexicano necesita información para tomar decisiones sobre empleo, salud, seguridad y educación. Sin embargo, ese contenido no es exclusiva de las instituciones. El pueblo también genera datos, opiniones y narrativas que influyen en la vida pública.
Cuando un grupo de estudiantes denuncia en redes sociales la falta de transporte seguro, está generando información que puede presionar a las autoridades. Cuando una comunidad documenta la contaminación de un río, está produciendo evidencia que puede cambiar políticas ambientales. En este sentido, la información es un puente entre las voces del pueblo y las decisiones del Estado.
Las voces del pueblo no siempre aparecen en los grandes medios, pero tienen un impacto real. En barrios, colonias y comunidades, la gente comparte experiencias que reflejan la nueva realidad: inseguridad, desigualdad, falta de oportunidades, pero también creatividad, solidaridad y resistencia.
La población en general somos parte esencial de estas voces. No solo consumimos información, también la producen: desde un video en TikTok que denuncia corrupción, hasta un podcast que analiza la cultura popular. Cada publicación es una forma de participación que contribuye a la construcción de un México más consciente.

El Estado, por su parte, también comunica. Lo hace a través de boletines, conferencias y campañas. Sin embargo, en la nueva realidad, esas voces ya no son las únicas ni las más fuertes. Hoy compiten con miles de narrativas ciudadanas que circulan en tiempo real.Esto genera un reto: ¿cómo lograr que la información oficial sea confiable y útil para la sociedad? La respuesta está en la transparencia y en la rendición de cuentas.
Todos debemos exigir que los datos públicos estén disponibles y que las decisiones se expliquen con claridad. Solo así la voz del Estado puede dialogar de manera honesta con la voz del pueblo.
La llamada “nueva realidad” no es solo tecnológica, también es cultural. Vivimos en un tiempo donde la información se comparte, se transforma y se disputa. En este contexto, los jóvenes tienen un papel central: son quienes más rápido adoptan nuevas plataformas y quienes mejor entienden la lógica de lo digital.
El valor de la información radica en que puede ser usada para construir o para manipular. Por eso, es fundamental que los universitarios aprendan a distinguir entre datos confiables y noticias falsas, entre voces auténticas y discursos interesados.
La alfabetización digital es, en este sentido, una herramienta de defensa ciudadana.
Aunque existen mecanismos de participación, todavía enfrentamos obstáculos:
• Desconfianza en las instituciones: mucha gente piensa que “no sirve de nada” participar.
• Falta de información clara: no siempre sabemos cómo acceder a los datos públicos o cómo presentar una denuncia.
• Desigualdad social: quienes tienen menos recursos suelen tener menos tiempo y herramientas para involucrarse.
Superar estos retos implica educación cívica, difusión de derechos y, sobre todo, voluntad colectiva. El control ciudadano y la participación informada no pueden ser tarea de unos cuantos: requieren que cada persona sepa que su voz cuenta.

Al mismo tiempo, la nueva realidad ofrece oportunidades: plataformas digitales, redes de colaboración y espacios universitarios donde los jóvenes pueden convertirse en agentes de cambio.
El valor de la información no está solo en los números o en los discursos oficiales, sino en la capacidad de las personas para apropiarse de ella. Los jóvenes universitarios en México son parte de esta conversación: tienen la posibilidad de cuestionar, de proponer y de transformar.
La nueva realidad exige que las voces del pueblo y del Estado dialoguen, se confronten y se complementen. La información es el terreno donde se juega ese encuentro. Reconocer su valor es reconocer que cada mensaje, cada dato y cada historia cuentan. Y que, al final, la democracia se construye con información compartida y con voces que se escuchan mutuamente.Bibliografía
• Castells, Manuel. Comunicación y poder. Alianza Editorial, 2009.
• García del Castillo, Rodolfo y García Ramírez, Ana María. La participación
social y ciudadana en México en el contexto actual. Revista Gestión y Estrategia, UAM Azcapotzalco, 2021.
• INAI. Guía de derechos de acceso a la información pública. Instituto Nacional de Transparencia, 2022.
• Vega Campos, Miguel Ángel. Análisis del marco jurídico estatal de la participación ciudadana en México. Trascender Contabilidad y Gestión, vol. 10, no. 28, UASLP, 2025.
• Morales Gómez, Danitza. Participación ¿Ciudadana? en México. Un panorama nacional. Revista Derecho & Opinión Ciudadana, Congreso del Estado de Sinaloa, 2023.
