José Ignacio Becerra Serrano
La diversidad política se refiere a la coexistencia de diferentes ideologías, creencias y opiniones dentro de una sociedad. En México, esta diversidad se manifiesta en la variedad de partidos políticos, movimientos sociales y la participación de ciudadanos con diferentes perspectivas.
Para explicar la diversidad de manera clara y efectiva, es importante ser respetuoso y estar dispuesto a escuchar y aprender de los demás. Es esencial tener un conocimiento profundo de los diferentes puntos de vista y argumentos que existen en el espectro político. Algunos de los factores que influyen en la diversidad política incluyen la historia, la cultura, la religión, la educación y la economía. Es importante reconocer que la diversidad política no tiene por qué llevar a la división y el conflicto, sino que puede ser una fuente de riqueza y fortaleza para una sociedad.

Para vivir en sociedad respetando la diversidad política, es esencial practicar el diálogo respetuoso y la escucha activa. Debemos estar dispuestos a escuchar y considerar las opiniones de los demás, incluso si no estamos de acuerdo con ellas.
También es importante evitar el uso de un lenguaje violento o agresivo al discutir temas políticos, y en su lugar, emplear un lenguaje respetuoso y constructivo. Nuestras palabras y acciones pueden tener un impacto significativo en la forma en que otras personas nos perciben y nos traten, todas las personas tienen derecho a tener sus propias opiniones y creencias políticas, y que no debemos tratar de imponer nuestras propias ideas o valores a los demás.
¿Cuál es el sentido político de la diversidad? La diversidad humana —el hecho de que cada persona es distinta de cualquier otra debido a la singularidad y al carácter único de cada cual— es el elemento nuclear del fenómeno del pluralismo. Como señaló Hannah Arendt:… “esta pluralidad de almas diversas, además, puede convertirse en política (en el sentido originario del término), siempre que las personas —independientemente de sus diferencias— “actúen y hablen juntas” y, por tanto, formen una comunidad, pese a sus diferencias…1 Es en este tipo de pluralismo político donde puede producirse el encuentro más fructífero entre una multiplicidad de seres humanos irrepetibles y surgir la unidad política. Así pues, esta unidad, que está en la base de cualquier sentido real de comunidad, surge siempre que las personas “actúan y hablan de forma concertada”, en una situación de auténtico pluralismo político.
De este modo, los seres humanos se juntan cada uno desde su unicidad respectiva, pero no se establece jerarquía alguna entre ellos; están “entre iguales” y cada uno de ellos tiene, en principio, la capacidad de participar por igual en la vida en común.
Por tanto, como señala Arendt de forma precisa, se da una situación de “igualdad entre desiguales” y se resuelve así el principal desafío político que supone promover la unidad sin socavar la individualidad. Esta situación ideal es contraria tanto a la uniformidad presente en el puro colectivismo, en que se abandona la pluralidad y todo el mundo es idéntico, como al individualismo presente en las democracias liberales, en que no puede surgir ninguna igualdad política ni, por tanto, ningún sentido real de comunidad.

El hecho de que los seres humanos actúen juntos en una situación de pluralismo político unifica a los actores de tal modo que preserva su individualidad, al tiempo que crea un sentido de comunidad que va más allá de la mera asociación de sujetos individuales. De este modo, este tipo de pluralidad evoca el sentido más profundo de unidad, porque reúne a personas distintas con caracteres diversos que, sin embargo, se mantienen juntas y participan por igual en la configuración de su comunidad.
Una forma política de organización que resulte de esta actividad puede denominarse, pues, democrática. Sin pretender alcanzar directamente este ideal, imaginémonos cuánto más democráticas podrían ser nuestras sociedades si permitieran que se diera en ellas simplemente una parte de este fenómeno. En esta supuesta imagen ideal, la diversidad podría convertirse realmente en la fuerza impulsora de la unidad en el mundo, es importante recordar que es una fuente de enriquecimiento y aprendizaje para una sociedad. Al escuchar y considerar las opiniones de los demás, podemos ampliar nuestra propia comprensión y perspectiva sobre los temas políticos y sociales.
La diversidad política es la existencia de diferentes ideologías, partidos y movimientos que representan a una sociedad plural y democrática. Gracias a ella, se pueden expresar distintos puntos de vista y se pueden negociar soluciones para los problemas que aquejan a una sociedad.
En un mundo cada vez más globalizado, es necesaria para garantizar la libertad, la igualdad y la justicia social. La diversidad política permite la convivencia de las personas con diferentes opiniones y perspectivas, lo que fomenta el diálogo y la tolerancia. Aunque puede generar conflictos y tensiones, también es una oportunidad para el crecimiento y la mejora de la sociedad, ésta permite la creatividad y el pensamiento crítico, lo que puede llevar a nuevas soluciones y avances sociales.
La política no debe ser un espacio de uniformidad, sino un foro donde la discrepancia se convierta en una herramienta constructiva. La convivencia con aquellos que piensan de manera diferente es esencial para enriquecer el diálogo y fomentar un ambiente de entendimiento. Cada voz, cada opinión, aporta una pieza valiosa al rompecabezas de la democracia.
Lo verdaderamente importante es que, independientemente de las diferencias, todos los miembros de un partido se sientan comprendidos y valorados dentro de la organización. La seguridad y la experiencia política son cruciales para construir un espacio donde cada individuo pueda expresar sus ideas sin temor a ser marginado. Solo así podremos avanzar como colectivo, fortaleciendo nuestras bases y conectando de manera genuina con la ciudadanía.
Hechos históricos que dieron pie a la competencia y a las libertades como la del libre tránsito de mercancías, de hombres y de capitales, a la competencia comicial para arribar a un escaño o a un puesto de elección popular, a la democracia como un sistema de competencias.
Todos siguen lo mismo en esencia -llegar al “poder”- para, teóricamente, cumplir lo que estipula la Ley; todos se diferencian en los “cómo” y muy pocos en los “para qué”, en los “por qué”. El botín es el mismo. Decía Goethe: “Este yunque comparo con el país, el martillo con el príncipe, y con el pueblo la chapa que se tuerce allí en medio. ¡Ay, pobre chapa, cuando solamente golpes arbitrarios dan al azar en el blanco y el caldero nunca se ve terminado!”
Los muchos se pierden en los métodos, en los modelos donde hay que acoplar las justificaciones de lo obscuro. Un pseudo pluralismo recorre este tiempo indiferente y distante al mandato del Logos que Heráclito señaló. La técnica invadió a la política y en parte, esa ha sido su desgracia; la eficacia fulminó la construcción de la legitimidad política, y esa misma eficacia ha puesto en jaque, incluso al derecho y al Estado de derecho en pos de la mera utilidad y del frío pragmatismo (en más de las veces, meramente mediático, sin una realidad que acredite lo que solo se simula, o anuncia).
El pluralismo político, pudiera reforzarse con un sentido de libertad más genuina y con menos fanatismos miopes, con identidades y convicciones “consistentes”, con ideas de civilización de mayor integralidad, incluso a los mandatos de los retos de la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas, que es, por cierto, una ruta para muchos países, como el nuestro, en medio de serias paradojas que dicho pluralismo no ve, porque no las puede ver, solo con tecnocracias y sin humanismos que cubran culturas y requerimientos de un reconocimiento que nos hace falta a todos.
Trabajar al unísono, es un tema que no resolvió la teoría política moderna, ni la ciencia política contemporánea, y ahora, con las transformaciones sociopolíticas, tanto de las sociedades como de sus propios individuos, nos encontramos entre la opulencia de muy, muy pocos, y en el desamparo y la marginación de muchos en esta era de la simultaneidad de los acontecimientos.
El pluralismo político radica en la injerencia de la multiplicidad en ese unísono para asumir responsabilidades debidas con la fuerza de la palabra, para desmantelar la mentira, y posibilitar la justicia como parte de la realidad.
Los partidos representan el abanico de opciones políticas existentes, sociales, de naturaleza ideológica o filosófica. Ellos concurren a que se forme y manifieste la voluntad popular y son también el instrumento fundamental para la participación política. El partido político lo que hace es orientar sus actividades para conquistar el poder político. La labor de los partidos, la actividad de las campañas, su presencia en la política, no iban a ser buenas, desde el punto de vista democrático, de no desarrollarse en un ámbito de libertad.
Captar votos es legítimo, pero tiene que ir acompañado de la debida labor de información, así como de la búsqueda de la cultura política. Sería una mentira pedir el voto a ciudadanos no informados que no supieran del significado de la campaña, el papel que tienen los candidatos o de la propia naturaleza de las elecciones.
Aunque la elección de los cargos públicos mediante sufragio universal es un requerimiento inherente a los principios democráticos, para que las elecciones tengan legitimidad, es preciso un marco jurídico capaz de garantizar el respeto y protección de la totalidad de derechos y libertades públicas que afectan a la participación.
El pluralismo efectivo moderno va más allá del equilibrio de poder entre el Rey y los Nobles; se compone de diversos grupos fruto de la división social del trabajo surgida durante la Revolución Industrial: Empresarios, Trabajadores, Profesionales Liberales, Iglesias, Políticos, Militares, Burócratas y Gobernantes, entre otros. Otras divisiones sociales del trabajo; sea por sexo, raza, región o religión, son primitivas, no son acordes con el pluralismo efectivo moderno. La sociedad moderna, democrática y efectivamente pluralista está compuesta por diversos sectores sociales, con diversos intereses, cada sector está consciente de ellos, está organizado para lograrlos y para cabildearlos ante los otros sectores, en un proceso de toma de decisiones en el cual todos los sectores involucrados o afectados por una propuesta de política, reglamento o ley están representado por sus respectivos liderazgos y éstos son representativos. Obviamente, estas condiciones nunca se han cumplido en los países “en vías de desarrollo”, los cuales son pobres, no porque no tengan recursos, sino porque sus sociedades no forman equipos nacionales dado que la minoría que gobierna excluye los intereses y la representación de los sectores no oficialistas de los procesos de toma de decisiones.
En lo económico, el pluralismo efectivo supone que el Estado es financiado con los impuestos que pagan los diversos sectores plurales y los ciudadanos en función del éxito en sus actividades económicas. Ese éxito depende de que, en el proceso político, las leyes reflejen los intereses de esos sectores, por lo que no debe predominar el afán de poder del poderoso, típicamente manifestado por la inseguridad jurídica sobre el derecho a funcionar o sobre el derecho de propiedad privada, o por el exceso de regulaciones o de estatismo.
En lo social, el pluralismo efectivo supone una sociedad horizontal con una trama de relaciones muy tupida en la que cada sector, privado o público, interactúa y hace alianzas con cualquier otro. Este es un tejido fuerte que representa el mayor potencial de seguridad y defensa de cualquier país; por ejemplo, Suiza. En el caso de las sociedades de pluralismos limitados o autoritarias el tejido es predominantemente vertical, cada sector se relaciona con el gobierno, a ver cómo hace para conseguir lo que le interesa y sin mayor seguridad jurídica de que lo consiga, a menos que sea parte de la red de clientelismo político. Esta trama social es un tejido con hilos en una sola dirección, como ha sido el caso de Venezuela. Por eso, los partidos venezolanos han colonizado la mayor cantidad de grupos sociales posible, como los sindicatos, los colegios profesionales, las asociaciones de vecinos, etc., proyectando así una imagen de que esos grupos pluralistas existen, pero son controlados desde adentro por los partidos.

En lo cultural, en las sociedades de pluralismo efectivo predomina una combinación de Libertad, Igualdad y Fraternidad. En términos contemporáneos, se trata de armonizar a los componentes opuestos pero inseparables de libertad e igualdad a través de una solidaridad inteligente que sabe que el exceso de libertad-poder- propiedad crea grandes desigualdades que subvierten al sistema, por lo que lo racional es ser solidarios, no dejar a nadie fuera del convite; una combinación de filiación con logro que daría como resultado el poder para los ilustrados que así se dispongan a hacer política. Para lograr este cambio cultural motivacional se necesita desarrollar inteligencia emocional, de la que disponemos muy poco. Lo contrario es buscar el poder por el poder, sin consideración de que la política es para construir una mejor sociedad ocupándose de apoyar a la población en la solución de sus problemas cotidianos.
Para que surja el pluralismo efectivo no sólo necesitamos un gobernante ilustrado sino unos sectores conscientes de sus intereses, organizados y capaces de movilizarse para poder obligar a quien sea que nos gobierne a firmar y respetar la Constitución, fortalecer a nuestras cámaras empresariales, colegios profesionales, sindicatos y a toda organización sectorial que pueda representar los intereses de cualquier colectividad ciudadana y busquemos crear alianzas dentro y entre ellas para tener el poder para poder ponerle la mano en el pecho al Leviatán. El poder no se delega ni se reparte, se conquista.
- Arendt Hannah, La libertad de ser libres, 1967. ↩︎
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