Lic. José Manuel Moranchel Roca
Podemos afirmar, si nos es posible decirlo, que existen un sinnúmero de cuestiones alrededor del fenómeno democrático que rebasan por mucho lo relacionado a la sola participación universal dentro de determinado ejercicio formal o institucionalizado para la elección y sufragio para la representación de las diversas voluntades de grupo dado.
En pocas palabras:
- La democracia es mucho más que votar y no se limita a las urnas.
La democracia, es muy importante reconocer, incluye junto con nuestro derecho al voto, un abanico muy complejo de actividades que le son intrínsecas a cada ciudadano y que le imprecan tanto en sus derechos como en sus obligaciones.
- Las acciones colectivas son sólo parte de estas otras tantas actividades que comprende el fenómeno democrático.
Desde la organización de unos cuantos, para fines más bien locales o hasta la generación de movimientos masivos, las acciones colectivas, forman parte de un todo muy complejo hecho de entramados e interacciones que nos conforman como sociedad.
La democracia, para pensarle como punto de partida de estas líneas, se haya constituida, para su práctica, de tópicos muy diversos que forman parte de un quehacer que, como ciudadanos, nos conforma y obliga en tanto poseedores de voz, expresión, derecho de tránsito, de prensa y de otras características más.
En este caso:
- Nuestro derecho a organizarnos y tener voz dentro de la sociedad en que vivimos es el pilar desde donde se construyen las acciones colectivas.
Es importante destacar que, lo contrario a esta forma de conformación civil, por mínimo que sea, es antidemocrático y sólo ocurre dentro de ambientes dictatoriales o tiránicos; por eso, las acciones colectivas y demás quehaceres que constituyen una democracia más allá del voto; deben permanecer y ser defendidas.
- Pero ¿Qué es una acción colectiva?
Para la definición: acciones colectivas fueron desde aquellas antiguas migraciones que poblaron nuestro planeta poblando regiones lejanas hasta los acuerdos entre grupos humanos afines en su cultura o especie que derivaron en la construcción de comunidades y ciudades (Almeida, Paul, 2020); pero, también, acciones colectivas fueron la Revolución Rusa, por poner un ejemplo, que se transformaría en un enorme cambio social, lo mismo que, en su momento, la abolición de la esclavitud, el voto femenino o la igualdad de derechos.

Ahora bien, entendiendo a la acción colectiva en el marco de la democracia misma, podemos pensarle como la mismísima Vox Populi tan importante en la conformación de cualquier sociedad posible que no necesariamente finaliza en el sufragio como ejercicio único y cómo campo de acción.
Desde ahí, es importante comprender que la acción colectiva es, en sí misma, una organización y no depende para existir de situaciones emergentes ni ser un paso previo a alguna revolución ni nada por el estilo; la acción colectiva tiene más relación con la conformación de intereses comunes que con un espíritu de lucha (Melucci, Alberto, 1999).
Por eso:
Los movimientos son construcciones sociales…
…Más que una consecuencia de crisis o disfunciones, más que una expresión de creencias, la acción colectiva es “construida” gracias a una inversión organizativa.
¿Y cómo es esto?
La creencia generalizada dirige la atención colectiva hacia lo alto y pone atención en la energía sobre los componentes de las acciones más elevadas…
…De tal manera, los movimientos sociales son sistemas de acción en el sentido de que cuentan con estructuras: la unidad y continuidad de la acción no serían posibles sin la integración e interdependencia de individuos y grupos, a pesar de la desestructuración aparente de estos fenómenos sociales. Pero los movimientos son sistemas de acción en el sentido de que sus estructuras son construidas por objetivos, creencias, decisiones e intercambios, todos ellos operando en un campo sistémico.
A estos sistemas, se les conoce como Movilización de Motivaciones (Melucci) y forman parte de nuestra identidad individual y colectiva pues, entre todos, nos involucramos unos con otros a partir de nuestras creencias y objetivos.
Y entonces, todo aquello que nos constituye como individuos y que es comunicable entre nosotros, nos une y hace posible la colectividad, la cual, entra en acción de acuerdo con fines específicos y es fruto del tipo de intereses, creencias, razones o motivaciones que nos unan.
- Cuando, desde el más pequeño núcleo humano, un grupo de individuos creen en algo o comparten intereses, se unen y entran en acción.
Por último, y una vez reconocida la acción colectiva como parte de la democracia, es muy importante recordar que su ejercicio ocurre dentro de un equilibrio delicado que no debemos perder de vista para garantizarle en su existencia y que sus objetivos se cumplan.

Como parte de la democracia la acción colectiva, que en todo momento es voz de los ciudadanos, se regula y dirige a si misma, por lo general, como construcción social no regulada más que dentro de las líneas de acción que la conforman. Un movimiento social, aparece como colección de voluntades hacia fines determinados por el propio grupo que la integra. No ocurre, aun cuando opere en acuerdo con el estado, como una estructura oficial como lo son los sistemas electorales pese a que ambas son acciones democráticas.
Nuestro derecho al sufragio tiene lugar dentro de una estructura regulada por acuerdos enmarcados y garantizados por el estado. La acción colectiva, en contraste, cuenta con el estado como moderador de su ocurrencia, pero su ejercicio no está regulado más que por sí misma.
La libertad y los derechos, así como las obligaciones que nos conforman para nuestras relaciones cívicas se trascienden a los colectivos y, en todo momento, deben de mantenerse de igual manera; por lo que, aquello que como individuo puedo o no puedo hacer ha de ser igual a lo que hagamos, en plural, como grupo y no quebrarse ni rebasarse so-pretexto de la asociación pues entonces se pierde tanto la credibilidad como la validez:
“Si como persona no me es lícito violentar la libertad de otro, por poner un ejemplo, como grupo ha de ser exactamente igual”
Por todo esto, nuestra lectura y revisión de nuestras acciones colectivas han de ser siempre muy cuidadosas para el alcance de objetivos cívicamente válidos y de forma que, como sociedad, continuamos asociándonos de manera armónica y sana en cualquier dirección que tomemos.
La acción colectiva debe seguir formando parte de nuestras democracias y no constituir algo ajeno a ella que nos limite como sociedad al trasgredir nuestros derechos y obligaciones como individuos. Cualquier movimiento implica una suma de voluntades y motivaciones por parte de sus integrantes, más no una insana oportunidad de dejar de ser cívicamente responsables:
La acción colectiva es muestra de sinergia que supera la suma de sus participantes, no un permiso para dejar de ser personas.
BIBLIOGRAFÍA
Alberto Melucci. Acción colectiva, vida cotidiana y democracia. El Colegio de México, 1999. Capítulo 1. Teoría de la acción colectiva.
Almeida, Paul, Movimientos sociales : la estructura de la acción colectiva. Ciudad Autónoma de Buenos Aires : CLACSO, 2020.
Manuel Antonio Garretón M. La transformación de la acción colectiva en América Latina. Departamento de Sociología. Universidad de Chile. 2002
Vargas, José Guadalupe. Teoría de la acción colectiva, sociedad civil y los nuevos movimientos sociales en las nuevas formas de gobernabilidad en Latinoamérica. Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela. 2003
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