Jose Ignacio Becerra Serrano
En México, hablar de control ciudadano es hablar de la posibilidad real que tenemos las personas de vigilar, cuestionar y proponer sobre lo que hacen nuestras autoridades. No se trata de un tema lejano ni exclusivo de especialistas: es algo que toca directamente nuestra vida cotidiana. Cuando exigimos que se cumplan las leyes, que el dinero público se use de manera correcta o que las decisiones de gobierno reflejen nuestras necesidades, estamos ejerciendo control ciudadano.

Este concepto se relaciona con la participación democrática. Durante muchos años, la idea de democracia se redujo a votar cada cierto tiempo. Sin embargo, hoy sabemos que la democracia no termina en las urnas: continúa en la calle, en las escuelas, en los mercados y en los espacios comunitarios donde la gente se organiza para vigilar y proponer. El control ciudadano es, en pocas palabras, la manera en que la sociedad se asegura de que el gobierno cumpla con su papel y no se aleje de la gente.
En nuestro país, la participación ciudadana ha tenido momentos clave. Desde las luchas vecinales por servicios básicos en los años setenta, hasta las movilizaciones por la transparencia y la rendición de cuentas en los noventa, la sociedad mexicana ha demostrado que puede organizarse y exigir cambios. La creación de instituciones como el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) es resultado directo de esa presión ciudadana.
Esto nos recuerda que el control ciudadano no surge de la nada: es fruto de la experiencia, de la inconformidad y de la necesidad de que las cosas funcionen mejor. Cada generación ha aportado su esfuerzo para que hoy tengamos más herramientas legales y sociales que nos permiten vigilar a quienes gobiernan.
¿Por qué es importante para la gente común?
Para quienes vivimos en barrios, colonias o pueblos, el control ciudadano significa tener voz frente a problemas concretos: el transporte público que no funciona, la inseguridad en las calles, el hospital que carece de medicinas o la escuela que necesita reparaciones. Participar no es un lujo, es una necesidad.

La clase media y trabajadora en México son quienes más sufren cuando las decisiones de gobierno no se cumplen. Por ejemplo, si un programa de apoyo económico se desvía, quienes lo resienten primero son las familias que dependen de él. Por eso, el control ciudadano no es un tema abstracto: es una herramienta para defender lo que nos corresponde y para mejorar nuestra calidad de vida.Además, participar fortalece la confianza en la comunidad. Cuando los vecinos se organizan para exigir alumbrado público, no solo logran que se instalen lámparas, también generan un sentido de unión y pertenencia. Ese tejido social es fundamental para enfrentar problemas más grandes, como la inseguridad o la corrupción.
Formas sencillas de ejercer control ciudadano
• Asambleas vecinales: reunirse para discutir problemas comunes y exigir soluciones.
• Comités de vigilancia: supervisar obras públicas, como pavimentación o alumbrado, para que se hagan bien.
• Uso de plataformas digitales: hoy existen portales donde se pueden denunciar irregularidades o consultar cómo se gasta el presupuesto.
• Participación en consultas públicas: cuando se abre la posibilidad de opinar sobre proyectos, es importante hacerlo.
• Organizaciones civiles: muchas asociaciones ofrecen capacitación y acompañamiento para que la gente sepa cómo exigir sus derechos.
Cada una de estas acciones fortalece la relación entre ciudadanos y gobierno. No se trata de confrontar por confrontar, sino de recordar que el poder público existe para servirnos, no para servirse de nosotros.
Retos actuales
Aunque existen mecanismos de participación, todavía enfrentamos obstáculos:
• Desconfianza en las instituciones: mucha gente piensa que “no sirve de nada” participar.
• Falta de información: no siempre sabemos cómo acceder a los datos públicos o cómo presentar una denuncia.
• Desigualdad social: quienes tienen menos recursos suelen tener menos tiempo y herramientas para involucrarse.
Superar estos retos implica educación cívica, difusión de derechos y, sobre todo, voluntad colectiva. El control ciudadano no puede ser tarea de unos cuantos: requiere que cada persona sepa que su voz cuenta.
El control ciudadano también tiene un componente de solidaridad. No basta con quejarse en privado: necesitamos organizarnos y actuar en conjunto. Cuando un grupo de vecinos exige transparencia en el uso de recursos, está defendiendo no solo su calle, sino el derecho de toda la comunidad.
En este sentido, el control ciudadano es una forma de participación que nos recuerda que la democracia se construye todos los días. No es tarea exclusiva de políticos ni académicos, sino de cualquier persona que quiera vivir en un país más justo.

El control ciudadano es una herramienta poderosa para que la sociedad mexicana se haga escuchar. Para las clases medias y trabajadoras, representa la posibilidad de defender lo que les pertenece y de mejorar su entorno inmediato. Participar es ejercer un derecho, pero también es asumir una responsabilidad: la de vigilar que quienes gobiernan lo hagan de manera honesta y cercana a la gente.
En pocas palabras, el control ciudadano es la forma más directa de recordar que el poder está en nosotros.
Bibliografía
• Morales Gómez, Danitza. Participación ¿Ciudadana? en México. Un panorama nacional. Revista Derecho & Opinión Ciudadana, Congreso del Estado de Sinaloa, 2023.
• Vega Campos, Miguel Ángel. Análisis del marco jurídico estatal de la participación ciudadana en México. Trascender Contabilidad y Gestión, vol.
10, no. 28, UASLP, 2025.
• García del Castillo, Rodolfo y García Ramírez, Ana María. La participación social y ciudadana en México en el contexto actual. Revista Gestión y Estrategia, UAM Azcapotzalco, 2021.
• INAI. Guía de derechos de acceso a la información pública. Instituto Nacional de Transparencia, 2022.
