Lic. José Manuel Moranchel Roca
¿Condenas?
¿Encasillamientos?
Perenne paradoja la de los adultos condenando a los jóvenes por esto o aquello y todo para que, al paso de una generación, o antes, se repita la misma historia con nuevos protagonistas y casi a ojos cerrados sin percatarnos del tremendo anacronismo entre los modos de uno y otros y la repetición de patrones similares de vez en vez.

Lo curioso con los jóvenes, y he aquí una de las contradicciones más interesantes, es que en cada época ha existido una cantidad impresionante de material de lectura acerca de sus intenciones, su cultura, sus características, su adolescencia y todo acompañado por listas interminables de consejos para padres, actividades lúdicas, esparcimiento y ejemplos aplicables; pero todo, envejeciendo mal y perdiendo su sentido a una velocidad cada vez más sorprendente al paso de tan sólo algunos años.
Tema complejo
Por eso la juventud, sus retos y futuros, significan, para nuestra reflexión, un universo “o multiverso” de caminos inexplorados; porque, finalmente, ¿Qué futuro podemos anticipar si los jóvenes de hoy ya no somos nosotros ni se trata de repetir el pasado?;
El porvenir de la juventud actual, como lo fuera en nuestro caso si ya no lo somos, no será aquel al que llegamos nosotros ¿Y entonces?
Para nosotros resulta autocomplaciente decirle a un joven – Cuándo crezcas veras que… – y sumar a la declaratoria una eternidad de etcéteras; sin embargo, eso nunca resulta en nada concreto ya que el mundo al que estos jóvenes en cuestión han de llegar no existe todavía ni será, ni de cerca, como nuestro pasado y esto es un ejemplo de principio de incertidumbre en su forma más pura.
Por lo tanto:
¿Qué permanece entonces?
¿Existe acaso una constante o una tabla de salvación donde sostener nuestro discurso?
¿Y el de ellos?
Los jóvenes son eso, jóvenes y si de algo son dueños de manera más o menos consiente es de un futuro incierto. La juventud de hoy en día, y cualquier juventud dentro de su “hoy en día” tiene un futuro por delante, o así lo pensamos o nos lo dicen, y este futuro no es un algo concreto, una carretera trazada o un lugar de llegada perfectamente estructurado.
Decimos:
-Ya que tengas tus hijos…
-Cuando trabajes…¿Es en serio?
Y peor:
-Cuando yo era joven no hacía esas cosas…
-Nosotros de jóvenes éramos mejores ¿o peores?…
¿Se nota el problema?
El anacronismo, ya mencionado más arriba, es tan grave que ocurre en todos los aspectos de relación que la sociedad tiene tanto con los jóvenes como con las personas de la tercera edad, y eso por poner un ejemplo, en donde incluso a partir de ciertos años, vestimos a nuestros “abuelos y abuelas” de aquello que ni siquiera se relaciona a su tiempo sin tomar en cuenta ni su generación ni la época en que fueron jóvenes siempre adornándoles con aquello que se supone sería lo propio de su edad pero nunca de acuerdo con que les fue propio de su tiempo específico.
Si podemos notar la ironía, entonces volver la vista hacia los jóvenes tiene, para nosotros, límites muy complicados de abordar. Tan simple: ni nuestros abuelos han de ser como se “supone” debieran de ser por su edad sino por su tiempo ni los jóvenes son repeticiones o viven las mismas situaciones que nosotros ni han de esperar lo mismo.
Este es el camino inexplorado y la provocación a la que esta reflexión quiere llegar.
¿Qué hacer?
Responder algo concreto de acuerdo a semejante reto significaría, como ya lo hemos mencionado, dar una solución o serie de opciones que, tarde o temprano, envejecerían muy mal al paso de muy poco tiempo ya que, de inicio, hablaríamos desde un presente el cual no será el mismo al paso de unos pocos años o bien le hablaríamos a los jóvenes de hoy de tal forma que perderá su validez para los jóvenes de mañana.
¿Tremendo problema?
Necesitamos, para aterrizar el presente ejercicio comprender que, o bien hemos de partir del presente concreto que “si o si” es realidad objetiva después de todo y en donde los jóvenes de ahora son lo que son; o bien, hemos de abordar el tema desde un total desapego al “hoy por hoy” de cada cual y aceptar la incertidumbre.
Si partimos desde el primer camino, hemos de decir que estamos frente a una juventud conformada por una serie de fenómenos con los que antes no nos habíamos enfrentado como sociedad tales como el uso y la vida a través de las nuevas tecnologías y un sentido de inmediatez aderezado por metas y fines muy específicos y casi lúdicos muy contrastantes con las experiencias de generacionales previas.
Sentido de pertenencia, objetivos vitales, ideas de crecimiento y el futuro mismo, son retos presentes en la vida de nuestros jóvenes pero abordados desde una óptica muy diferente a la nuestra en relación a los medios o a lo que de una manera u otra le conciben como felicidad.

La paz mental, el día a día y el tiempo libre, el placer inmediato (no confundir con satisfacción sexual), las actividades sociales, la conectividad, la ecología y la justicia, poco o nada tienen que ver con las revoluciones anteriores a la juventud actual.Los jóvenes de hoy, caminan muchas veces nuestros mismos pasos familiares, escolares y profesionales, pero con objetivos muy diferentes, y esto puede ser muy contradictorio: escuela y búsqueda de trabajo si, pero no para nuestro clásico “salir adelante”; rebeldía si, pero no necesariamente en búsqueda de independencia sino de diferenciación y de identidad; sociedad si, pero no creyendo necesariamente en el gobierno de turno o en una nueva idea de estado como finalidad, sino buscando un lugar para estar y ser ellos mismos.
La subjetividad, hoy más que nunca, es signo de una personalidad muy marcada aún oculta en la masa mas amorfa y constituida por pensamientos públicos o modas, sin embargo, como jamás lo fue antes, filtrada y sostenida en un estado virtual hecho de redes sociales, actividades digitales y conectividad casi obsesiva.
Los entornos, ya no son el ni el parque, ni el cine, ni el centro comercial ni mucho menos la casa; los nuevos entornos para “estar”, ya no son necesariamente palpables y no por ello ser inexistentes; se trata pues, de verdaderos ambientes y atmósferas muy específicas donde el término “navegar” ya no es tan ambiguo como pudiéramos imaginar.
Como un dictado de lo posible, lo virtual ha llegado a ser, si bien aun como novedad para algunos, un único medio de comunicación, estancia aparentemente segura, ventana absoluta al mundo y visión de una realidad cada vez más presente y menos “virtual”

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¿Qué podríamos sumarle a la juventud que no pase por este filtro?
¿Es lo único con lo que podemos relacionar a nuestros jóvenes?
Obviamente hay mucho más que decir y pensar de la juventud pues esto no deja de ser un ejercicio lleno de matices, pero ciertamente poco o nada podremos decir que resulte totalmente ajeno a lo digital.
Pero ¿Qué diríamos si, regresando a nuestros dos caminos, ahora pensamos a la juventud sin describirle desde su virtualidad actual o nuestra falta de ella, y ubicamos a la juventud como fenómeno ajeno a un tiempo o lugar específico.
¿Qué es ser joven?
Ser adolescente significa adolecer, literal, por definición, quiere decir dolernos de algo o sufrir de la ausencia de algo. Vista como fenómeno humano y parte del desarrollo cognitivo, emocional y físico de cada individuo, la adolescencia es un estado de “incompleto” dentro de estados perfectamente claros y definidos tales como lo son la infancia y la madurez. Ser adolescente, es pasar del juego, el sueño y la dependencia al pronunciamiento de una identidad definida y el goce junto con la resistencia de lo que significa ser adulto al formar parte de un entorno de madurez que de niños nos fuera ajeno y hasta prohibido.
La juventud, vista así, ya no se comprende ni se define por un gusto o moda exclusivo ni tampoco por ninguna conducta específica o sujeción a tal o cual tecnología como lo es hoy en día; tal como, en otro tiempo, lo fuera la televisión. Ser joven significa, con las herramientas con las que se cuente en cada época, caminar para autodefinirse y construirse hacia un mañana con todo lo que ello implique y el cual se constituye por todo menos por lo que haya existido antes ya que ello sería un sinsentido.
Pensemos y no dejemos de pensar: ¿No es absurdo suponer que toda la rebeldía y modas de los jóvenes de hoy tenga como meta únicamente llegar a ser iguales a los adultos de ayer?
No hay modo, no se puede; y sin embargo nos empeñamos en educarles así.Ahora, tratemos de concluir a partir de los dos caminos ya descritos y ejemplificados.
Los jóvenes de hoy son lo que son; son ciudadanos y habitantes digitales que buscan y tienen metas muy definidas y de orden casi inmediato, mientras sus esfuerzos, por más que sean semejantes a los nuestros, tienen intenciones muy distintas orientadas a su paz personal y a una serie de satisfactores por completo diferentes a la seguridad social, el establecimiento familiar o el triunfo empresarial; del mismo modo, estos jóvenes son todo lo mencionado a partir de las herramientas con las que han contado desde su niñez, proporcionadas por nosotros por cierto, y desde las que tratan de autodefinirse y establecerse como adultos dentro de un mundo que, idealmente, esperan que sea algo hecho por ellos mismos y no envejecido en todo momento y al que tengan que ajustarse lo quieran o no.
El reto, para nosotros, es reconocer que, en tanto generación posterior a la nuestra, es importantísimo ser, como sociedad y como país, capaces de crear entornos y formas de vivir y de existir donde los nuevos adultos puedan formar parte y sin negarse sistemáticamente a sus maneras.
El desafío y el éxito, al final, es y será siempre una eterna lucha contra la experiencia propia y una apuesta por la incertidumbre que muchos hubiéramos querido ver a nuestro al rededor.
Fuentes:
Realidades y retos de la juventud mexicana, Mijael Altamirano Santiago, Universidad Autónoma de
Tabasco, 2018
Las juventudes en México: situación actual y perspectivas, Lorenzo Gómez Marín Fuentes, Fundación
SM, 2021
