Lic. José Manuel Moranchel Roca
¿Discriminación?
Discriminar como punto de partida, significa el trato desigual hacia un individuo o grupo de personas por su etnia, color de piel, género, religión, aspecto físico, condición socio-económica (lo cual ya es discriminatorio de origen y sobre de ello estaremos hablando) e incluso hasta por su edad; todo esto, entre muchos otros puntos de partida motivados por diversos intereses de varias índoles.
Dejemos claro algunos puntos: México, no es una excepción dentro de los diversos ámbitos discriminatorios globales ni el tema es un asunto para ser atendido como algo de origen nacional, esto, es muy importante para tener en cuenta puesto que el problema, si bien posee aspectos y rasgos muy específicos dentro de nuestra cultura, no es exclusivo de nosotros aunque si de acuerdo a formas muy particulares y propias que tiene nuestro país al momento de discriminar o bien de abordar el problema.

Es triste, pero en México poseemos formas muy particulares de discriminar.
Ahora bien, el tema de la discriminación puede antojarse como preámbulo para definir y hablar de la inclusión, sin embargo, ensayar sobre el particular requiere tratamientos muy específicos y límites muy exactos si buscamos alcanzar ciertas precisiones pues, no es sólo la inclusión el único punto de llegada ni el articulador final para tratar a la discriminación; el asunto es mucho más complejo de lo que se percibe a simple vista. Pero vayamos al principio.
El ejemplo de la discriminación étnica y los diferentes juegos de origen
Habar de una forma específica de discriminación no significa dejar de lado otras igual de impactantes y negativas dentro de nuestra sociedad pero, la discriminación étnica y “racial” ha sido quizá el más visible históricamente sin contar que es el triste modelo a seguir para la segregación y para la falta de integración social de la mayoría de los individuos afectados por ella y por muchas otras. Es quizá la más antigua forma de discriminación y la más presente en nuestros días pese a disfrazarse de diversas maneras.
De esta forma de discriminación, podremos comprender al resto. Vayamos a nuestro contexto.
Distintivamente, en toda América Latina y sin excepción, las diversas dinámicas de origen que dieron lugar a nuestras naciones se diferencian de maneras muy particulares a la constitución y formación de muchas otras regiones y países del resto del mundo; Latinoamérica es diferente.
Sin llegar a precisiones o absolutos, amen de ciertas salvedades y honrosas excepciones, nuestra región posee, de principio, características diferentes a las de otras muchas naciones; por ejemplo, los países europeos, medio-orientales y asiáticos, o por lo menos los más significativos, se erigieron a partir de una serie de conquistas socio políticas y ocupaciones territoriales a lo largo de la historia, en muchos casos, entre etnias de origen semejante. La discriminación en la gran mayoría de estas naciones es más significativamente de carácter político salvo casos extraordinarios como lo fuera en su momento el Islam. No en balde, el eurocentrismo matizado y alimentado con la cultura de otros pueblos ha sido el dominante en los libros de historia pues estamos hablando de integraciones sociopolíticas muy antiguas y uniformes.
Por otra parte, tenemos a los países africanos, o su mayoría, que nacieron o se formaron a partir de una minoría conquistadora que se impuso por la fuerza sobre una inmensa mayoría conquistada al igual que lo hiciera en casi todos los territorios del sureste asiático. Todo esto, dentro del contexto del así llamado imperialismo victoriano de la época; mientras que, en contraste con ellos, territorios como los de Canadá y Estados Unidos fueron y han sido tan sólo extensiones absolutas de aquellos imperios que llegaron a ocuparles, eliminando por completo a toda la población originaria.
Latinoamérica, nuestro contexto, es un caso diferente en tanto que el mestizaje resulta ser el fenómeno más significativo como resultante de las ocupaciones que, aunque es casi invisible e impensable para los países del norte, obligatoriamente se hace presente a partir de una multitud de rasgos étnicos integrados en su conformación. México, forma parte de este fenómeno y es lo que nos convierte junto con muchas naciones del continente en países ricos en rasgos y culturas diversas.
Pero entonces: ¿Cuál es nuestro problema desde el punto de vista étnico si somos un todo multicultural?

El problema que padece nuestro país en relación a la discriminación étnica, consiste en que si bien, a diferencia de la univocidad europea, asiática y norteamericana en donde injustificablemente “el otro” resulta más visible, en México y Latinoamérica, pese a la pluralidad de sus habitantes, llevamos con nosotros herencias propias de las diversas ocupaciones junto con pensamientos propios de aquellos del norte de nuestro continente y que llevamos muy dentro de nuestra forma de pensar pues, si bien nuestra realidad es diferente, estamos contaminados con ideales de trato, de esclavismo, de mansedumbre, de tipos de persona, de historia, de religión y de cultura que aun cargamos hasta nuestros días.
A la fecha, por muy amables y “solidarios” (más bien tolerantes) que nos hemos convertido, si bien supuestamente hemos cambiado y pulido el trato e igualado las condiciones, hemos creado otros medios para continuar por el camino de la diferencia y de la segregación del otro a partir de la llamada “gentrificación” y demás modalidades condicionantes de exclusión disfrazadas de atención prioritaria, solidaridad y muchos otros tópicos.
Ahora, la discriminación étnica, es tan sólo un modelo que opera de la misma manera para aquellos que piensan diferente o comparten distintas creencias religiosas o políticas, para personas con diferentes capacidades, géneros y hasta sobre aquellos de edades o bien avanzadas o bien iniciales.
El problema se hace cada vez peor y siempre de acuerdo a los intereses de unos cuantos.
La economía.
¿Y que tiene la economía en todo esto?
Si bien tenemos aquí como objetivo el abordar y ensayar a la discriminación como un obstáculo para el desarrollo de la economía, el asunto que nos atañe se nos presenta a modo de un círculo vicioso en donde la discriminación es tanto un obstáculo como el resultado de las diversas estructuras económicas que le permean y propician, es decir, ni la economía crece donde hay discriminación ni esta cambia sus modelos y estructuras para evitarla.
Veamos.
Como obstáculo, la discriminación que ya hemos entendido como aquel trato desigual tanto en su tipificación étnica como en todas aquellas formas a través de las cuales se segrega, separa y excluye a unos y a otros es determinante para el desarrollo económico a partir del hecho de que solo unos cuantos, exentos de tal discriminación, son los que al final de cuentas mueven, operan y se ven beneficiados de tales o cuales realidades económicas. Los juegos financieros y las diversas economías son comprendidas, manejadas y aprovechadas sólo por algunos.
Se trata de dinero en última instancia. Pero ¿No es así siempre?
Si comprendemos que, en su forma más básica, la economía es la meta para el enriquecimiento de “algunos” en posesión y beneficios, podremos entender que su comportamiento naturalmente habrá de ser, por lo tanto, excluyente hacia los “otros”, haciendo de la discriminación uno de tantos mecanismos a través de los cuales llevar a cabo dicha exclusión. Desde este punto de partida, etnia, condición social, género, religión, etc., son sólo maneras que pueden llegar a ser pretexto suficiente para que los “beneficios” lleguen sólo a las manos de algunos.
Y entonces ¿Dónde estará el problema?
El problema con la discriminación, discurre en el hecho de que si la economía está en manos de “unos pocos”, se convertirá, a mediano plazo, en un callejón sin salida una vez obstaculizado el desarrollo para todos pues, el propio crecimiento económico, se hallará frenado sin poder dar mucho más de sí.
El hecho es que, si para salir beneficiados por la economía dejamos de lado a “algunos”, esos “algunos” tarde o temprano, no han de potenciar de manera eficiente la circulación de capital ni el crecimiento en ninguna dirección.
Es decir:
“No podemos pretender vender más y más inmuebles, por poner un ejemplo, cuando – por derecho de admisión – limitamos al venta a unos pocos; tarde o temprano, el mercado se agotará como una serpiente que se muerde la cola”
El problema que estamos abordando con respecto a la economía se extiende cuando, tal y como cuando hablamos de la discriminación étnica, unos no tienen derecho a que su propia riqueza crezca por lo que, el resto de la riqueza para todos, al estar acaparada, no mejore a falta de movilidad.
He aquí el problema
Género, religión, condiciones sociales, aspectos físicos etc, son sólo “anclas” y pretextos, como en su momento lo fuera el color de piel, para el abuso, la exclusión y la explotación a favor de unos por encima de otros, pero, como podemos constatar, esto es, como se dice, equivalente a negarse a crecer como sociedad, como especie y mucho más allá de cualquier juego o comprensión económica.

La discriminación, en cualquiera de sus formas, es un obstáculo muy peligroso para el desarrollo de una nación y, en lo económico, suele presentar problemas muy severos para el crecimiento; por ello, es muy importante que de inicio se revisen las estructuras económicas acaparadas y excluyentes pues, si los beneficios son tan sólo para “algunos”, será claro que “algo” estaremos haciendo mal a favor del resto y de la nación en su totalidad.
Referencias
CNDH, El derecho a la no discriminación, México, 2018
CNDH, Discriminación, igualdad y diferencia política, Carbonell-Rodríguez-García-Gutiérrez, Investigación y análisis, 2007
UNAM, La discriminación en México: una mirada desde el análisis de las políticas públicas, “El cotidiano”, 2005
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