Sergio Emanuel Trujano Bello
Hace algunos meses preparé un pequeño escrito relacionado con la participación política de la mujer en México, concluyendo en este que el camino que ha tenido que recorrer el género femenino para alcanzar la igualdad e incluso el notable logro de la cuota de género en el gobierno, ha sido difícil y de trabajo arduo y constante. Es así que hoy, gracias a la lucha feminista política, las mujeres no sólo son escuchadas, sino que forman parte de la toma de decisiones sobre el futuro de este país. Incluso, la próxima persona que ocupará la silla presidencial en 2024, será una de las dos mujeres finalistas en la contienda: Claudia Sheinbaum o Xóchitl Gálvez[1] y alguna de ellas, dirigirá desde el poder ejecutivo a la nación mexicana.
Ahora bien, la situación para describir la participación política de las mujeres en donde se remarque el origen indígena de estas, se vuelve especialmente retador al ser un tema en el que culturalmente son los hombres quienes ocupan un papel preponderante en la participación política. Trataré en este análisis de contestar las dos preguntas que me surgieron: ¿existen figuras representativas de la lucha femenina indigenista por derechos políticos? y, ¿cómo ha sido la evolución de la lucha de las mujeres indígenas por alcanzar la participación y reconocimiento en la política?
En primera instancia, para resolver la primera pregunta, vinieron a mi mente figuras como la de Benita Galeana, una luchadora social guerrerense que disruptivamente, promovió los derechos femeninos a la participación política. Sin embargo, a Galeana, no se le identificaba con alguna minoría o grupo indígena, pero que sin embargo representó una importante figura activista femenina y que guarda una relación con las minorías indígenas y afroamericanas femeninas que mencionaré más adelante.
Es de resaltar que si México se compara con otros países en dónde hay una remarcada mayoría indígena, como lo es el caso de Guatemala, salta de inmediato la figura de Rigoberta Menchú, quién no solamente fue una activista en favor de los derechos humanos de las etnias originarias americanas en Guatemala [2], sino que alcanzó a través del activismo y la protesta política, foros muy importantes, primero desde el exilio y luego ya dentro de su país. En otros países sudamericanos, como Bolivia y Perú, es más fácil encontrar participación femenina de grupos indígenas en la esfera política que en México.
Lo anterior es una consecuencia lógica al ser países en donde el porcentaje de pobladores pertenecientes a etnias originarias es grande. Guatemala por ejemplo según el censo de 2018 indica que constituyen el 43.75% (6.5 millones) de personas quienes han tenido que luchar por alcanzar derechos políticos.
Ahora bien, para resolver la segunda pregunta, encontramos que la participación política de las mujeres indígenas en México ha sido un tema de importancia creciente en los últimos años. Aunque históricamente han enfrentado barreras y desafíos significativos, se han logrado avances importantes en términos de representación y empoderamiento.
Para hacer una breve remembranza de esta lucha social, tal cual lo comenta Jean Cadet Odimba, “La búsqueda de igualdad para la participación política de la mujer indígena, ha sido mucho más difícil que la búsqueda de igualdad para la participación de la mujer en general. Legislar para que las mujeres tuvieran igualdad de oportunidades en la vida política del país fue una lucha que comenzó por el derecho al voto y llevó a invadir prejuicios de la cultura mexicana que incurrían en la discriminación. Hoy día se ve como algo normal, pero costó años de persistencia.”[3]
El acceso a la participación política de las mujeres indígenas se complica aún más al existir estructuras sociales muy rígidas dentro de las mismas costumbres de los pueblos aborígenes, que hoy también son reconocidas a través de la aceptación en las leyes nacionales de las costumbres y usos indígenas incluso a sus formas de autoorganización.
Lo anterior pudiera interpretarse como un logro importante, sin embargo es sumar otro obstáculo a la participación de la mujer indígena en política pues representa “una tradición mucho más antigua y arraigada donde la mujer religiosamente debe obedecer a Dios pero también al hombre (López y Pitarch, 2006)”; y en los movimientos revolucionarios no se le ve como el género débil, pero a la hora de establecer derechos no se le reconocen igualdad de condiciones (Pequeño, 2009).
Hasta este punto, entonces, podemos observar en el presente análisis, que en México aún es difícil reconocer figuras clave en la participación de las mujeres indígenas para alcanzar derechos políticos y pareciera que los logros hasta ahora alcanzados son resultado de luchas grupales y de los compromisos hechos ante foros internacionales, tales como la declaración en conjunto al surgimiento armado del EZLN de la Ley Revolucionaria de Mujeres que establecía el respeto e igualdad de las mismas en los ámbitos político, social y económico o el Protocolo de Actuación para quienes Imparten Justicia en Casos que Involucren Derechos de Personas, Comunidades y Pueblos Indígenas.[4]

No obstante, el autor del presente ensayo, considera que la perspectiva para la participación política de la mujer indígena está mejorando y más aún a la sombra del régimen político que gobierna en México actualmente. Para explicar el porqué de la anterior aseveración, me gustaría regresar a la primera pregunta planteada y para tratar de responderla, investigar si hay a la fecha, mujeres indígenas en posiciones políticas clave. Para lo anterior sería muy interesante observar en estados con población indígena alta, como Guerrero, Oaxaca, Yucatán o Chiapas, si las mujeres indígenas han logrado alcanzar participación en las posiciones de alcaldesas, síndicos, cabildos o diputados locales
Este movimiento que triunfó en las elecciones de 2018, claramente tuvo un factor indigenista y muchas poblaciones originarias confiaron su representación en él, promoviendo la participación política y el reconocimiento a los pueblos originarios. Es evidente también la inclusión de importantes figuras femeninas afines al presidente López Obrador en puestos importantísimos, como secretarías de estado, gubernaturas, legislaturas y alcaldías. Por ejemplo, volviendo a tocar el tema de Benita Galeana, es curioso ver como en el Municipio de Guerrero en donde ella nació, ahora haya una alcaldesa con origen afroamericano de extracción morenista, la Sra. Glafira Meraza.
No es el objeto de este ensayo, buscar y analizar el índice de participación de mujeres indígenas en estados con porcentajes importantes de pobladores originarios, sin embargo, es interesante observar como en municipios poblados altamente por pobladores originarios, como Cochoapa el Grande en Guerrero, ya han sido gobernados por mujeres. Fue el caso de Edith López Rivera, en 2018.
En conclusión, todo indica que debido a la misma sinergia política, a la coyuntura y contextos actuales, cada vez más se favorece a que haya una participación y acceso creciente de la mujer indígena en la política mexicana.
[1] De resaltar, para efectos de este estudio que una de ellas se autoidentifica como perteneciente a un grupo indígena, lo que muestra un gran avance en acabar con la estigmatización de, a. ser mujer, y b. ser indígena.
[2] El 10 de diciembre de 1992, Rigoberta Menchú fue reconocida con el Premio Nobel de la Paz, siendo la primer mujer indígena y la más joven en recibirlo.
[3] Odimba, J. (2017). La mujer indígena y su derecho a la participación política en México. Revista Prolegómenos Derechos y Valores, 20, 40, 145-158. DOI: http://dx.doi.org/10.18359/prole.3046
[4] Ibidem.
![]()
